Tuesday, May 23, 2017

Lección # 10 “…ésta es mi voz a todos” , Doctrinas y Convenios y La historia de la Iglesia

Actividad para despertar el interés

El élder Jay E. Jensen, de los Setenta, describió una ocasión en la que, mientras prestaba servicio como presidente de misión, al terminar una conferencia de distrito, se sintió frustrado y desanimado por la cantidad de problemas a los que se veía enfrentado. Mientras iba de regreso a su casa, al dar vuelta a las hojas de las Escrituras tratando de encontrar consuelo y dirección, se detuvo en la sección tres de Doctrina y Convenios. Él dijo:
“Cuando leo un pasaje, frecuentemente incluyo mi nombre en él; así lo hice con el quinto versículo de la sección tres, y encontré la ayuda que necesitaba para librarme de mis sentimientos negativos: ‘He aquí, [Jay Jensen,] se te confiaron estas cosas, pero cuán estrictos fueron tus mandamientos; y recuerda también las promesas que te fueron hechas, [Jay Jensen]’ (D. y C. 3:5).
“Las palabras ‘recuerda también las promesas’ me conmovieron con desusada fuerza… Durante aquellos cuatro días no me había concentrado en otra cosa que no fueran problemas. No me había detenido a considerar ni una sola promesa” (véase “Recuerda también las promesas”, Liahona, enero de 1993, págs. 90–91).
El élder Jensen entonces repasó en su mente las promesas que había recibido en su bendición patriarcal, en las bendiciones que se le habían prometido cuando fue apartado como presidente de misión y en las de las Escrituras. Al hacerlo, le fue posible encontrar la fortaleza y el consuelo que necesitaba.
• Al leer las Escrituras, ¿cómo podría ayudarnos la idea de agregar nuestro propio nombre en ellas?
• Lea 1 Nefi 19:23  ¿Qué enseñó Nefi sobre la importancia de aplicar las Escrituras a nuestra vida?
En esta lección se analiza cómo podemos aplicar a nosotros mismos el consejo que el Señor dio a los santos en forma individual en Doctrina y Convenios.

Muchas de las revelaciones que se encuentran en Doctrina y Convenios se dieron a personas en forma individual; sin embargo, a pesar de que el consejo que se da en esas revelaciones se dio específicamente para esas personas, y de que esos miembros de la Iglesia vivieron hace muchos años, gran parte de ese consejo se aplica a nosotros en la actualidad. Como el Señor ha dicho reiteradamente: “…lo que digo a uno lo digo a todos…” (D. y C. 61:36; véase también D. y C. 25:16; 82:5; 93:49).

En julio de 1830, el Señor dio una revelación dirigida a Emma Smith, la esposa del profeta José Smith (D. y C. 25).Estos tres temas son sacados de la revelación del Señor para Emma.

1. El marido y la mujer deben apoyarse y consolarse mutuamente.

La revelación que el Señor dio para Emma Smith incluyó consejos acerca de las responsabilidades que tenía para con su esposo. 
• Lea D. y C. 25:5 ¿Qué consejo le dio el Señor a Emma Smith en este versículo? ¿Cuáles son algunas de las formas en que el marido y la mujer se pueden ayudar mutuamente en momentos de dificultad? 
El profeta José Smith enseñó que la esposa debía tratar a su marido “con dulzura y afecto. Cuando un hombre se siente agobiado por los problemas, cuando lo tienen perplejo los cuidados y las dificultades, si en lugar de una contienda o queja, encuentra una sonrisa, si puede hallar dulzura, se tranquilizará su alma y se calmarán sus sentimientos” (“Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 279).
El Profeta enseñó a los maridos: “El deber del marido es amar, apreciar y cuidar a su esposa y allegarse a ella y a ninguna otra; él debe honrarla como a sí mismo y tener en cuenta sus sentimientos con ternura” (Elders’ Journal, agosto de 1838, pág. 61).
• Lea D. y C. 25:14  Según este versículo, ¿qué aconsejó el Señor a Emma Smith? ¿Cómo pueden demostrar el marido y la mujer que se deleitan el uno en el otro?
José Smith y su esposa Emma se apoyaron siempre mutuamente y en gran medida durante los momentos de aflicción que enfrentaron tantas veces. En 1842, cuando José se encontraba escondido porque su vida corría peligro, Emma pudo ir a verlo. Más tarde, José comentó sobre esa visita lo siguiente:
“¡Qué dicha inexplicable y qué alegría más grande llenó mi alma cuando esa noche tomé de la mano a mi amada Emma! Sí, a ella, a mi esposa, a la esposa de mi juventud, a la escogida de mi corazón. Muchas fueron las cosas que pasaron por mi mente cuando por un momento contemplé todo lo que habíamos tenido que pasar: las fatigas y el trabajo duro, las penas y los sufrimientos, y la dicha y el consuelo, de tanto en tanto, con que estaba cubierto nuestro camino… Por un momento, ¡cuántos pensamientos llenaron mi alma! Ella está aquí nuevamente… impertérrita, firme e inquebrantable, ¡la misma cariñosa Emma de siempre!” (History of the Church, tomo V, pág. 107).
José y Emma también se apoyaron y se consolaron mutuamente al padecer juntos la muerte de muchos de sus hijos. En cuatro años, murieron cuatro de los más pequeños. De once hijos (dos adoptados) sólo tres varones y una mujer vivieron hasta edad avanzada.
Durante una época en que el Profeta se hallaba abrumado bajo el peso de las cargas propias del crecimiento de la Iglesia en Kirtland, Ohio, Emma dio a luz gemelos, un varón y una niña, pero ambos murieron a las pocas horas de nacidos. Casi al mismo tiempo, en la cercana ciudad de Orange, Ohio, los hermanos John y Julia Murdock, nuevos conversos a la Iglesia, tuvieron también gemelos. A las seis horas de nacidos los pequeños, la hermana Murdock falleció. Cuando Emma y José se enteraron de lo sucedido, le preguntaron al hermano Murdock si podían adoptar a sus gemelos. Poco después, los dos niños, Joseph y Julia Murdock, fueron a vivir a casa de los Smith.
La madre de José Smith, Lucy Mack Smith, describió algunas de las características de Emma que hicieron posible que ella apoyara a José durante las épocas difíciles:
Jamás en mi vida he visto a una mujer que soporte todo tipo de fatigas y de dificultades, mes tras mes y año tras año, con esa valentía, ese fervor y esa paciencia inquebrantables, como lo ha hecho ella; porque yo sé todo lo que ha tenido que soportar… Ella hizo frente a las dificultades de la persecución y resistió el embate de la furia de hombres y diablos, lo que hubiera vencido a casi cualquier otra mujer” (History of Joseph Smith, ed. Preston Nibley, 1958, págs. 190–191).
• ¿Qué pueden aprender marido y mujer del ejemplo de José y Emma Smith que les inspire a ser más cariñosos el uno con el otro y a darse más apoyo el uno al otro?

2. Debemos ser mansos y evitar el orgullo.

El Señor mandó a Emma Smith continuar “con el espíritu de mansedumbre y [cuidarse] del orgullo” (D. y C. 25:14). Él dio instrucciones semejantes a otros miembros de la Iglesia.
  1. a. 
    D. y C. 23:1 (a Oliver Cowdery): “…cuídate del orgullo, no sea que entres en tentación”.
  2. b. 
    D. y C. 38:39 (a los santos en una conferencia de la Iglesia): “…cuidaos del orgullo, no sea que lleguéis a ser como los nefitas de la antigüedad”.
  3. c. 
    D. y C. 90:17 (a la Primera Presidencia de la Iglesia): “…sed amonestados en toda vuestra altivez y orgullo, porque esto tiende un lazo a vuestras almas”.
  4. d. 
    D. y C. 98:19–20 (a los santos de Kirtland): “…yo, el Señor, no estoy bien complacido con muchos de los que son de la iglesia en Kirtland; porque no abandonan sus pecados, ni sus malas costumbres, ni el orgullo de sus corazones, ni su codicia…”.
• ¿Qué es el orgullo? ¿Por qué consideran que las advertencias del Señor en cuanto al orgullo son tan frecuentes e insistentes?
El presidente Ezra Taft Benson enseñó:
“La mayoría de nosotros piensa en el orgullo como egoismo, vanidad, jactancia, arrogancia o altivez; aunque todos éstos son elementos que forman parte de ese pecado, su núcleo no está en ellos.
“La característica principal del orgullo es la enemistad: enemistad hacia Dios y enemistad hacia nuestros semejantes. Enemistad significa ‘aversión, odio, resentimiento’ u oposición” (“Cuidaos del orgullo”, Liahona, julio de 1989, pág. 4).
• ¿Por qué afecta el orgullo nuestra relación con Dios?
El presidente Benson explicó:
“El orgullo en su naturaleza fomenta la competencia. Oponemos nuestra voluntad a la de Dios… con la actitud de decir: ‘Que se haga mi voluntad y no la tuya’…
“Nuestra voluntad en competencia con la de Dios deja que nuestros deseos, apetitos y pasiones corran desenfrenados (véase Alma 38:12; 3 Nefi 12:30)…
“Nuestra enemistad contra Dios puede ir marcada con etiquetas variadas, como la rebelión, la dureza de corazón, la dureza de cerviz, la impiedad, la vanidad, la facilidad para ofenderse y el deseo de recibir señales. Los orgullosos quieren que Dios esté de acuerdo con ellos; pero no tienen interés en cambiar de opinión para que la suya esté de acuerdo con la de Dios” (“Cuidaos del orgullo”, Liahona, julio de 1989, págs. 4–5).
• ¿Por qué afecta el orgullo nuestra relación con los demás?
El presidente Ezra Taft Benson enseñó:
“Otro aspecto importante de este pecado tan prevaleciente es la enemistad hacia nuestros semejantes. Diariamente nos vemos tentados a elevarnos por encima de los demás y disminuirlos a ellos (véase Helamán 6:17; D. y C. 58:41)…
“[El] orgullo… se manifiesta de diversas formas, como la crítica, el chisme, la calumnia, la murmuración, la pretensión de gastar más de lo que tenemos, la envidia, la codicia, la supresión de la gratitud y el elogio que podrían elevar a otro, y el rencor y los celos…
“El egoísmo es uno de los aspectos más comunes del orgullo. ‘La forma en que todo me afecta a mí’ es la idea central de lo que es importante para la persona: el orgullo de quién es, la autocompasión, el interés por la fama del mundo, la gratificación de los deseos personales y de los propios intereses…
“Otro aspecto del orgullo es la contención. Las discusiones acaloradas, las peleas, el dominio injusto, las grandes brechas entre las generaciones, el divorcio, el abuso de cónyuges, los tumultos y disturbios, todos encajan en esta categoría del orgullo” (“Cuidaos del orgullo”, Liahona, julio de 1989, págs. 5–6).
• ¿Cómo podemos vencer el orgullo y cultivar un espíritu de mansedumbre?
El presidente Benson aconsejó: “El antídoto [para el orgullo] es la humildad, la mansedumbre, la docilidad (véase Alma 7:23). Es el corazón quebrantado y el espíritu contrito… Podemos ser humildes amando a Dios, sometiendo nuestra voluntad a la Suya y dándole a Él el lugar de prioridad en nuestra vida” (“Cuidaos del orgullo”, Liahona, julio de 1989, págs. 7–8).
• Lea  D. y C. 1:28; 19:23; 112:10 y 124:97. De acuerdo con esos pasajes, ¿cuáles son algunas de las bendiciones que recibimos cuando decidimos ser mansos y humildes?
• ¿Qué bendiciones han recibido en la vida cuando han decidido ser humildes en lugar de orgullosos?

3. Debemos regocijarnos y tener buen ánimo.

El Señor amonestó a Emma Smith: “…eleva tu corazón y regocíjate” (D. y C. 25:13). A pesar de que los primeros santos de esta dispensación enfrentaron gran tribulación, el Señor repetidamente les dio amonestaciones semejantes. Lea los siguientes versículos con los miembros de la clase:
  1. a. 
    D. y C. 29:5 (al profeta José Smith y a otros): “Elevad vuestros corazones y alegraos, porque yo estoy en medio de vosotros, y soy vuestro intercesor ante el Padre”.
  2. b. 
    D. y C. 61:36 (al profeta José Smith y a otros): “…Sed de buen ánimo, hijitos, porque estoy en medio de vosotros, y no os he abandonado”.
  3. c. 
    D. y C. 68:6 (a Orson Hyde, Luke S. Johnson, Lyman E. Johnson y William E. McLellin): “Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé”.
  4. d. 
    D. y C. 78:18 (al profeta José Smith y a otros): “…no podéis sobrellevar ahora todas las cosas; no obstante, sed de buen ánimo, porque yo os guiaré”.
  5. e. 
    D. y C. 136:29 (al campamento de Israel en Winter Quarters): “Si estás triste, clama al Señor tu Dios con súplicas, a fin de que tu alma se regocije”.
• Según estos pasajes, ¿qué razones da el Señor para ser de buen ánimo? ¿Qué podemos hacer para fomentar y ser de buen ánimo? ¿Qué podemos hacer para ayudar a los demás a ser de buen ánimo?
• ¿Cuáles son algunas de las consecuencias del pensar demasiado en los aspectos negativos de la vida, aun cuando sean graves y frecuentes?
El élder Marvin J. Ashton, del Quórum de los Doce, aconsejó:
“Ninguno de nosotros se verá libre de la tragedia y del sufrimiento, y cada uno reaccionará en forma diferente. No obstante, si recordamos la promesa del Señor que dice ‘yo, el Señor, estoy con vosotros’, enfrentaremos nuestras aflicciones con dignidad y valor; encontraremos la fortaleza para tener buen ánimo en lugar de estar resentidos, criticar o darnos por vencidos; podremos encarar los sucesos desagradables de la vida con una visión clara y con un espíritu fuerte…
“Es un gozo ver a alguien así [con buen ánimo], que mientras otros viven en medio de un amargado silencio o vociferan su disgusto ante algún suceso desagradable, enfrenta la situación con animosa paciencia y buen espíritu” (“Yo, el Señor, estoy con vosotros”, Liahona, julio de 1986, págs. 59–60).
Muchas de las admoniciones que el Señor nos da de ser de buen ánimo nos recuerdan que podemos encontrar paz y regocijo a pesar de las circunstancias que nos rodeen.

Conclusión

Los consejos que el Señor dio hace muchos años a algunos de los santos en forma individual pueden bendecir grandemente nuestra vida en la actualidad. 



Friday, May 19, 2017

Lección # 9 “…la única iglesia verdadera y viviente”: Doctrinas y Convenios y la Historia de la Iglesia

Actividad para despertar el interés


1. Explique brevemente una de las razones por las cuales se siente agradecido de ser miembro de la Iglesia. 
2. ¿En qué fecha se organizó la Iglesia en esta dispensación?
  • ¿Cómo sabía José Smith cuándo debía organizarse la Iglesia?
  • ¿Dónde se organizó la Iglesia?
  • ¿Cuántos miembros tenía la Iglesia cuando se organizó?
En esta lección se analiza la organización de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días. .

1. La Iglesia se organizó en los últimos días.

En 1830 fue un año memorable para la historia del mundo. Había llegado el momento en que se cumplirían las antiguas profecías (Isaías 11:11–12; 29:13–14; Jeremías 31:31–33; Daniel 2:44–45). Después que el Libro de Mormón se publicó y se restauró el sacerdocio, el siguiente paso trascendental de la restauración del Evangelio fue la organización oficial de la Iglesia. En Doctrina y Convenios 20 se encuentran las instrucciones que el Señor le dio a José Smith acerca de cómo debía organizarla.
• ¿En qué fecha se organizó la Iglesia en esta dispensación? (Véase D. y C. 20:1; 21:3.) ¿Por qué se escogió ese día? (Véase el encabezamiento de D. y C. 20.)
• Entre la Primera Visión y la organización de la Iglesia hubo un lapso de diez años. Durante ese tiempo, 
¿qué acontecimientos ocurrieron para preparar el camino para la organización de la Iglesia y para preparar a José Smith para que la dirigiera? 
En la época en que el élder Gordon B. Hinckley prestaba servicio en el Quórum de los Doce, dijo:
“Ese día de la organización fue, sin lugar a dudas, el día de graduación de José después de haber pasado diez años de extraordinaria preparación. Había comenzado con la visión incomparable en una arboleda durante la primavera de 1820, cuando el Padre y el Hijo se le aparecieron a él, un muchacho de catorce años, y siguió con las amonestaciones y las instrucciones que le dictó Moroni en múltiples ocasiones. Después tuvo lugar la traducción de los anales sagrados y la inspiración, el conocimiento y la revelación que obtuvo por medio de esa experiencia. Se otorgó la autoridad divina, se le confirió nuevamente al hombre el antiguo sacerdocio por medio de quienes poseían el derecho de hacerlo: Juan el Bautista para el Sacerdocio Aarónico y Pedro, Santiago y Juan para el de Melquisedec. Se recibieron revelaciones, un número de ellas, en las cuales la voz de Dios se escuchó nuevamente y las vías de comunicación se abrieron otra vez entre el hombre y el Creador. Todo ello fue preliminar a ese histórico 6 de abril” (“150-Year Drama: A Personal View of Our History”, Ensign, abril de 1980, págs. 11–12).
• ¿En qué forma ayudó la salida a luz del Libro de Mormón a preparar el camino para la restauración del Evangelio? (Véase D. y C. 20:6–12.) ¿Cómo ayudó la restauración del sacerdocio a preparar el camino? (La autoridad del sacerdocio fue necesaria para dirigir la Iglesia y para oficiar en las ordenanzas de salvación.)
El 6 de abril de 1830, José Smith y más de 50 personas más se congregaron en la cabaña de troncos de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Nueva York, para organizar la Iglesia. La ley del estado de Nueva York estipulaba que una Iglesia tenía que tener por los menos seis miembros para poder organizarse oficialmente. Por lo tanto, seis hombres, todos los cuales se habían bautizado y habían visto las planchas de oro, se convirtieron en los primeros miembros oficiales de la Iglesia. Esos hombres fueron: José Smith, Oliver Cowdery, Hyrum Smith, Peter Whitmer, hijo, Samuel H. Smith y David Whitmer (véase History of the Church, tomo I, pág. 76; para obtener más antecedentes históricos al respecto, véase Nuestro Legado, págs. 14–16).
• ¿Con qué nombre se organizó la Iglesia? (Véase D. y C. 20:1.) A la Iglesia también se la llamó por algunos otros nombres durante los primeros años, pero que, en abril de 1838, el Señor reveló el nombre por el cual se conocería a Su Iglesia. ¿Qué nombre dio Él a Su Iglesia? (Véase D. y C. 115:4.) ¿Por qué es importante que la Iglesia del Señor lleve Su nombre? (Véase 3 Nefi 27:8.)
El nombre Iglesia Mormona es un sobrenombre que se le puso a causa del Libro de Mormón, pero preferimos que a nuestra Iglesia se le llame por su verdadero nombre con el fin de hacer hincapié en que creemos en el Salvador, Jesucristo.

2. El Señor manda a los miembros de la Iglesia que sigan al Profeta.

Durante la reunión en la cual se organizó a la Iglesia, José Smith y Oliver Cowdery fueron sostenidos como los oficiales presidentes de la Iglesia (History of the Church, tomo I, pág. 77). El Señor dio también una revelación en la cual se daban instrucciones a los miembros de la Iglesia de seguir a José Smith como a su profeta. Esta revelación se encuentra registrada en D. y C. 21.
• Lea D. y C. 1:38 y 21:4–5  ¿Qué enseñan estos versículos acerca de cómo debemos considerar las palabras del Profeta? (a pesar de que las declaraciones registradas en D. y C. 21 estaban dirigidas a José Smith, se aplican también a los profetas que le han sucedido.) ¿Dónde podemos encontrar las palabras del Profeta viviente? (En las cartas oficiales, la conferencia general y las revistas de la Iglesia, la revista Liahona, en español.) ¿Qué consejo o enseñanzas de los profetas de los últimos días han tenido un significado especial para ustedes?
• En D. y C. 21:5, el Señor dice que debemos escuchar las palabras del Profeta “con toda fe y paciencia”. ¿Por qué en ocasiones se requiere paciencia o fe para seguir el consejo del Profeta? 
• Lea D. y C. 21:6 con los miembros de la clase. ¿Qué bendiciones ha prometido el Señor a quienes sigan al Profeta? 
 En la actualidad, ¿cómo se cumplen esas promesas en la vida de los miembros de la Iglesia? 
¿De qué modo han sido bendecidos por seguir al Profeta?
• En D. y C. 21:9, leemos que el Señor prometió una “poderosa bendición” a quienes obrasen a Su servicio. ¿Qué bendiciones han recibido al encontrarse prestando servicio al Señor? (Una de las bendiciones del prestar servicio al Señor es que nuestro testimonio sobre las palabras de los profetas se fortalece.)

3. El Señor insta a los miembros de la Iglesia a congregarse a menudo con el fin de participar de la Santa Cena.

• En la reunión en la cual se organizó la Iglesia, los miembros participaron de la Santa Cena (History of the Church, tomo I, pág. 78). En la opinión de ustedes, ¿por qué fue importante que se efectuase la ordenanza de la Santa Cena durante la primera reunión de la Iglesia restaurada?
• En D. y C. 20, el Señor reveló información acerca de cómo debía administrarse la Santa Cena (versículos 75–79). Lea D. y C. 20:75 
 ¿Por qué es importante participar a menudo de la Santa Cena?
• Lea en voz alta las oraciones sacramentales (D. y C. 20:77, 79). 
¿Qué promesas hacemos cuando participamos de la Santa Cena? (Véase también Lucas 22:19–20; 3 Nefi 18:7, 10–11.) 
Ambas oraciones se hace hincapié en que debemos recordar a Jesús. ¿Qué quiere decir “recordarle siempre”? ¿Por qué nos ayuda la Santa Cena a recordarle?
• ¿Qué promesa se hace en las oraciones sacramentales para quienes participen dignamente? (Véase D. y C. 20:77, 79.) 
• En D. y C. 27, vemos que el Señor dio nuevas instrucciones a José Smith acerca de la Santa Cena. ¿Qué se encontraba haciendo José Smith cuando recibió esta revelación? (Véase el encabezamiento de D. y C. 27.) ¿Qué aprendió José acerca de la Santa Cena por medio de esta revelación? (Véase D. y C. 27:2.) ¿Qué podemos hacer para participar de la Santa Cena “con la mira puesta únicamente en [la] gloria [de Cristo]”?

4. El Señor explica los deberes de los miembros de la Iglesia.

• Lea D. y C. 20:68–69  En estos versículos, el Señor explica el “deber de los miembros después de ser recibidos por el bautismo”. 
¿Qué revela el versículo 69 acerca de lo que espera el Señor de nosotros en calidad de miembros de la Iglesia? 
¿Qué podemos hacer para demostrar al Señor que nos sentimos agradecidos por ser miembros de Su Iglesia?

Conclusión

La organización de la Iglesia de Jesucristo en 1830 fue uno de los grandes milagros de los últimos días. A pesar de que esa pequeña reunión llevada a cabo en Fayette, Nueva York, pasó inadvertida para la mayoría de la gente, los acontecimientos que tuvieron lugar ese día cambiaron al mundo.
El presidente Wilford Woodruff habló sobre una reunión en la que el profeta José Smith profetizó acerca del crecimiento de la Iglesia. La reunión se llevó a cabo en “una pequeña casa de apenas un poco más de cuatro metros cuadrados, pero allí estaba congregado todo el sacerdocio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que se encontraba en ese entonces en el pueblo de Kirtland y que se habían reunido para emprender desde allí la marcha del campo de Sión”. Después de que varios de los hombres dieron su testimonio de la obra, el Profeta dijo:
“ ‘Hermanos, me he sentido enaltecido e instruido por vuestros testimonios, pero deseo deciros delante del Señor que, concerniente a los destinos de esta Iglesia y reino, no sabéis más de lo que sabe un infante que está en brazos de su madre. No lo comprendéis… No veis aquí esta noche más que un puñado de poseedores del sacerdocio, pero esta Iglesia llenará América del Norte y del Sur, llenará el mundo’ ” (citado por el élder James E. Faust en “La eternidad ante nosotros”, Liahona, julio de 1997, pág. 20).


Nuestra relación con Dios

Lean D. y C. 20:8–31 con el fin de determinar algunas verdades acerca de Dios y de la relación que tiene con Sus hijos e hijas sobre la tierra. A continuación, se enumeran algunas de esas verdades que quizás usted desee analizar:
  1. a. 
    D. y C. 20:11. (Dios inspira a la gente y la llama para realizar Su obra.)
  2. b. 
    D. y C. 20:12. (Él es el mismo ayer, hoy y siempre.)
  3. c. 
    D. y C. 20:17. (Él es infinito, eterno e inmutable.)
  4. d. 
    D. y C. 20:17. (Él organizó los cielos y la tierra y todo cuanto en ellos hay.)
  5. e. 
    D. y C. 20:18. (Él nos creó a su imagen.)
  6. f. 
    D. y C. 20:21–25. (Dios dio a Su Hijo Unigénito para que expiara nuestros pecados.)
  7. g. 
    D. y C. 20:29–31. (Si creemos, nos arrepentimos, amamos y servimos a Dios, y perseveramos hasta el fin, seremos justificados y santificados por medio de la gracia de Jesucristo y salvados en el reino de Dios.)

3. “…beberé del fruto de la vid con vosotros” (D. y C. 27:5)

• Lean D. y C. 27:5. Según este versículo, ¿qué promesa nos hace el Señor acerca de la Santa Cena? (En un día futuro, Él participará de la Santa Cena en la tierra con Sus seguidores.) 
Según el Señor, ¿quiénes estarán con Él durante ese acontecimiento? (Véase D. y C. 27:5–14. en el versículo 14, se registra que Él dice que “todos aquellos que mi Padre me ha dado de entre el mundo” se encontrarán presentes.)