Thursday, August 10, 2017

Lección # 26 “…id por todo el mundo y predicad mi evangelio”...Doctrinas y Convenios y la Historia de la Iglesia

  1. Este maletín (simbolicamente) pertenece al élder Erastus Snow. Fue llamado por el profeta José Smith para servir en una misión en la zona oeste del estado de Pensilvania. Se le dijo que saliera en la primavera de 1836 en su equipaje llevó un juego de Escrituras, calcetines y unas pocas monedas
  2. También llego consigo el sacrificio, valentía fe, que fueron necesarios para que el élder Snow emprendiera ese viaje misional como el Señor lo había mandado.
En esta lección se analiza la obra misional que con tanto sacrificio llevaron a cabo los santos que vivían en Kirtland, estado de Ohio. Esos misioneros ayudaron a convertir a muchas personas al Evangelio, fortaleciendo así a la nueva Iglesia.

1. El Señor derramó grandes bendiciones durante el período de la Iglesia en Kirtland.

• Algunas de las doctrinas importantes que el Señor reveló durante la época de la Iglesia en Kirtland fueron la ley de consagración, la ley del diezmo, los reinos de gloria, la Palabra de Sabiduría, la Segunda Venida y el sacerdocio.

2. Los santos de Kirtland hicieron grandes sacrificios para dar a conocer el Evangelio.

Otro aspecto importante de la época de Kirtland fue el llamamiento de misioneros para predicar el Evangelio en Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. La mayoría de ellos prestaron servicio a costa de un gran sacrificio personal.
• Lea D. y C. 42:6 y D. y C. 88:81  Muchas revelaciones que se dieron en Kirtland comprendían el mandamiento de predicar el Evangelio.
En 1836, el élder Parley P. Pratt, miembro del Quórum de los Doce, recibió el llamamiento de prestar servicio misional en Canadá. Camino a Toronto, Canadá, “un extraño le entregó una carta de presentación para John Taylor, predicador metodista que vivía en Toronto y que estaba afiliado a un grupo religioso que opinaba que entre las iglesias existentes no había ninguna que practicara el cristianismo del Nuevo Testamento; durante dos años este grupo se había reunido varias veces por semana con ‘el propósito de buscar la verdad independiente de toda secta religiosa’. Cuando el élder Pratt llegó a Toronto, los Taylor lo recibieron con amabilidad pero no demostraron mucho interés en su mensaje. “Al no poder conseguir ningún lugar para sus prédicas, el hermano Pratt se desanimó y se dispuso a abandonar Toronto; pero antes de irse, pasó por la casa de los Taylor para recoger algo de su equipaje y despedirse de ellos. Mientras se encontraba allí, Leonora Taylor comentó el problema del élder Pratt con su amiga Isabella Walton, que estaba de visita, agregando que lamentaba verlo irse, pues ‘puede tratarse de un hombre de Dios’. La señora Walton le dijo que había sido inspirada por el Espíritu para ir a visitarlos esa mañana, pues estaba dispuesta a ofrecer al élder Pratt alojamiento en su casa y permitirle que predicara allí. Él aceptó, y con el tiempo lo invitaron a asistir a una reunión del grupo de John Taylor, en la cual éste leyó en el Nuevo Testamento el relato de Felipe, cuando predicó en Samaria. ‘Y bien’, dijo, ‘¿dónde está nuestro Felipe? ¿Dónde el recibir la palabra con gozo y ser bautizados, habiendo creído? ¿Dónde están nuestro Pedro y nuestro Juan? ¿Dónde nuestros Apóstoles? ¿Dónde está el Espíritu Santo para nosotros, por la imposición de las manos?…’ Cuando se le invitó a dirigir la palabra al grupo, el élder Pratt dijo que él poseía las respuestas a esas preguntas que había hecho John Taylor.
“Durante tres semanas, John Taylor asistió a las reuniones del hermano Pratt, tomando notas de sus discursos y comparándolas cuidadosamente con las Escrituras; poco a poco se fue convenciendo de que el Evangelio de Jesucristo se había restaurado, y el 9 de mayo de 1836, él y su esposa, Leonora, se bautizaron”.
John Taylor fue ordenado élder y sirvió fielmente como misionero. Más tarde llegó a ser el tercer Presidente de la Iglesia.

Levi Hancock se bautizó en noviembre de 1830 y poco tiempo después se le llamó para dejar Kirtland y prestar servicio misional en Misuri. Durante el viaje de cientos de kilómetros a pie, él y su compañero, Zebedee Coltrin, tuvieron algo de éxito en la prédica del Evangelio, “pero también sufrieron penurias. Levi cayó enfermo debido a una infección en el pie y tuvo que quedarse con una familia que lo hospedó mientras Zebedee continuaba solo el viaje. Más tarde, en Misuri, siguió tratando de combatir sus enfermedades e irritándose a veces por no poder hacer todo lo que él deseaba. Pero agradecido por la oportunidad de servir, escribió: ‘Tengo que ser honrado ante Dios y hacer todo lo que puedo por Su reino o ¡pobre de mí! No me importan los del mundo ni lo que opinen; pero tendrán que reconocer mi testimonio ante el que se sienta en el Tribunal; quiero decir que mi modo de proceder será tal que tendrán que dar crédito a mis palabras, ya que el Señor está de mi parte’ ”.
Más tarde, Levi prestó servicio valientemente en el Campo de Sión. En febrero de 1835 fue escogido para integrar la Presidencia de los Setenta. 

3. Miembros del Quórum de los Doce enseñaron a miles de personas en Inglaterra

A medida que la Iglesia crecía, las fuerzas que trabajaban en su contra se volvían más pujantes y algunos de los santos flaqueaban en su fe. Durante esa época tan difícil, el Señor reveló al profeta José Smith que “debían hacer algo nuevo por la salvación de Su Iglesia” 
El mandamiento del Señor para el Quórum de los Doce de dejar Kirtland en esos momentos tan duros tal vez haya sido difícil de comprender; sin embargo, los sacrificios que hicieron estos fieles hermanos fortalecieron en gran forma a la Iglesia.
El 23 de julio de 1837, el día en que los misioneros predicaron por primera vez el Evangelio en Inglaterra, el profeta José Smith recibió una revelación para Thomas B. Marsh, Presidente del Quórum de los Doce. Esa revelación ahora está registrada en D. y C. 112. Los versículos 12–34 contienen instrucciones que Thomas B. Marsh debía darles a los Doce.
• Lea D. y C. 112:19–22 . Según esos versículos, ¿qué promesas hizo el Señor a los Doce Apóstoles?
La promesa dada en D. y C. 112:19 se cumplió en seguida. En el término de ocho meses, 2.000 personas se unieron a la Iglesia gracias a la labor de esos misioneros, y se organizaron 26 ramas.
El Señor prometió a los Doce que les daría el poder para abrir la puerta de las naciones para la prédica del Evangelio “si se humillan delante de [Él], permanecen en [Su] palabra y dan oído a la voz de [Su] espíritu” (D. y C. 112:21–22). Para demostrar que el Señor sigue cumpliendo esa promesa, analicemos la siguiente historia que relató el presidente Thomas S. Monson:
“En 1968, durante mi primera visita a la República Democrática Alemana, encontré mucha tensión; se desconocían la confianza y el entendimiento, y no se había establecido ninguna relación diplomática. En un día nublado y lluvioso viajé a la ciudad de Görlitz, ubicada en el corazón de la República Democrática Alemana, cerca de las fronteras con Polonia y Checoslovaquia. Asistí ahí a mi primera reunión con los miembros de la Iglesia, en un edificio viejo y pequeño. Pero cuando cantaron los himnos de Sión, literalmente llenaron el salón con su fe y devoción.
“Sentí gran pesar al darme cuenta de que los miembros no tenían un patriarca, ni barrios ni estacas, sino tan sólo ramas. No podían gozar de las bendiciones del templo: la investidura o los sellamientos. Por mucho tiempo no habían recibido la visita de un representante de la cabecera de la Iglesia y tampoco podían salir del país. Pero a pesar de todo eso, confiaban en el Señor de todo corazón.
“Me puse de pie ante el púlpito y, con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada de emoción, les hice esta promesa: ‘Si permanecéis fieles a los mandamientos de Dios, podréis gozar de todas las bendiciones de que gozan los miembros de la Iglesia en cualquier otro país’. Entonces me di cuenta de lo que había dicho. Esa noche, me arrodille y le rogué a nuestro Padre Celestial: ‘Padre, estoy atendiendo Tus asuntos, ésta es Tu Iglesia. He dicho cosas que no salieron de mí, sino que venían de Ti y de Tu Hijo. Por favor, permite que esa promesa se cumpla en la vida de esta noble gente’. Y así concluyó mi primera visita a la República Democrática Alemana”.
Ocho años más tarde, el élder Monson ofreció la oración dedicatoria de esa tierra:
“Un domingo por la mañana, el 27 de abril de 1975, de pie en un peñasco situado entre las ciudades de Dresde y Meissen, cerca del río Elba, ofrecí una oración en favor de la tierra y sus habitantes. En ella destaqué la fe de los miembros y recalqué los deseos fervientes que tenían de recibir las bendiciones del templo. Imploré para que hubiera paz; solicité la ayuda divina y pronuncié estas palabras: ‘Amado Padre, permite que éste sea el comienzo de un nuevo día para los miembros de Tu Iglesia en esta tierra’.
“De pronto, desde la parte más baja del valle, una campana empezó a repicar y un gallo rompió el silencio de la madrugada, cada uno anunciando el comienzo de un nuevo día. Aun cuando tenía los ojos cerrados, pude sentir el calor de los rayos del sol en la cara, las manos y los brazos. ¿Cómo era posible? Toda la mañana había estado lloviendo incesantemente.
“Al concluir la oración, miré hacia los cielos y noté que un rayo de luz se filtraba por entre los negros nubarrones y reposaba donde estaba reunido nuestro pequeño grupo. Desde ese momento supe que la ayuda divina estaba a la mano”.
Después de esa inspirada oración, la Iglesia creció rápidamente en la nación. Se organizaron consejos de distrito, a lo que le siguió la creación de estacas, y el llamamiento de líderes del sacerdocio y de patriarcas. El Templo de Freiberg, Alemania, se dedicó en 1985, y en 1989 el gobierno permitió que la Iglesia enviara misioneros regulares al país.

4. Muchos santos de Kirtland se mantuvieron firmes a pesar de la persecución.

Para 1838, la época de los santos en Kirtland estaba llegando a su final. La persecución se intensificó y el permanecer allí no ofrecía ninguna seguridad. 
Aun cuando algunos miembros de la Iglesia apostataron en Kirtland, la mayoría de ellos permanecieron fieles y fueron de gran fortaleza para la Iglesia. Relate la siguiente experiencia de la vida de Brigham Young:
Durante su residencia en Kirtland, Brigham Young asistió a una reunión en la que un grupo de apóstatas, entre los que se encontraban algunos líderes prominentes de la Iglesia, conspiraba para destituir al profeta José Smith y poner a otro en su lugar. Brigham Young dijo acerca de ello:
“Me puse de pie y de una manera clara y firme les declaré que José era un Profeta, y que yo lo sabía, y que aunque le reprocharan y calumniaran tanto como quisieran, no podrían abrogar su llamamiento como Profeta de Dios, que solamente lograrían destruir en sí mismos su propia autoridad, suprimir los lazos que los unían al Profeta y a Dios, y terminarían hundiéndose en el infierno. Muchos se enojaron ante mi decidida oposición a sus planes… La reunión se disolvió sin que los apóstatas lograran llegar a una decisión acerca de tomar una medida concreta de oposición” 

Conclusión

Las grandes bendiciones que recibieron los santos durante su estadía en Kirtland. Muchos de ellos recibieron el llamamiento de prestar servicio misional y estuvieron dispuestos a sacrificarse a fin de dar a conocer el Evangelio. La mayoría de ellos permanecieron fieles durante una época de gran adversidad. En Nuestro Legado, leemos lo siguiente acerca de esos miembros de la Iglesia: “Con el ejemplo de su vida… dejaron atrás un legado permanente de obediencia fiel a los líderes ungidos del Señor y de sacrificio personal en la obra del Señor” (pág. 36).

No comments:

Post a Comment