Thursday, September 21, 2017

Lección #31 “…sellados… por el tiempo y por toda la eternidad”..Doctrinas y Convenios y la Historia de la Iglesia

1. El matrimonio eterno constituye una parte esencial del plan de nuestro Padre Celestial.

En  D. y C. 131:1–4132:4–33  contienen pasajes con las revelaciones que el Señor dio al profeta José Smith acerca del matrimonio eterno. 
El élder Parley P. Pratt, uno de los primeros miembros del Quórum de los Doce de esta dispensación, puso por escrito los sentimientos que experimentó cuando oyó por primera vez al profeta José enseñar esas doctrinas:
“Yo había amado antes, pero no sabía por qué. Pero desde entonces he amado con la pureza, con la intensidad de un sentimiento noble, sublime, que ha elevado mi alma… He sentido que Dios es en verdad mi Padre Celestial, que Jesús es mi hermano y que mi amada esposa es una compañera inmortal, eterna… en resumen, desde entonces, he podido amar con el espíritu y con el entendimiento también”.
• La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han declarado que “el matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para el plan eterno de Dios” (“La familia: una proclamación para el mundo”, Liahona, junio de 1996, pág. 10; véase también D. y C. 49:15). 
Pero ¿Por qué el matrimonio es una parte esencial del plan eterno de Dios? (Véase D. y C. 131:1–41 Corintios 11:11.)
El élder Joseph B. Wirthlin del Quórum de los Doce dijo: “El dulce compañerismo del matrimonio eterno es una de las bendiciones más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Ciertamente, los muchos años que he compartido con mi hermosa compañera me han proporcionado los gozos más profundos de mi vida. Desde el principio de los tiempos, la compañía conyugal ha sido fundamental en el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial. Nuestras vidas reciben una influencia benéfica y somos edificados y ennoblecidos al saborear las dulces bendiciones al relacionarnos con seres queridos en el núcleo familiar”.
El presidente Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce, enseñó: “El propósito fundamental de todo lo que enseñamos es unir a padres e hijos con fe en el Señor Jesucristo, que sean felices en su casa, que estén sellados en un matrimonio eterno y ligados a sus generaciones; y que tengan la seguridad de la exaltación en la presencia de nuestro Padre Celestial”.
El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “El matrimonio, según lo entienden los Santos de los Últimos Días, es un convenio ordenado para ser eterno. Es el fundamento de la exaltación eterna, pues sin él no podría haber progreso eterno en el reino de Dios” .
• Si marido y mujer no se casan en el templo por el tiempo y por la eternidad, Su matrimonio no tendrá “ninguna validez” aun cuando hayan jurado estar juntos para siempre  ( D. y C. 132:7, 15–18.)
• Cuando un hombre y una mujer se casan en el templo por el tiempo y por la eternidad, hacen un convenio con el Señor. Y recibirán bendiciones  si son fieles a su convenio algunas de ellas se enumeran a continuación:
  1. a. 
    Estarán juntos “por el tiempo y por toda la eternidad” (D. y C. 132:19). Sus hijos también pueden ser parte de su familia eterna. El Santo Espíritu l confirma que las ordenanzas del sacerdocio que hayamos recibido y que los convenios que hayamos hecho son aceptables ante Dios. Esa aprobación depende de nuestra fidelidad.
  2. b. 
    Serán exaltados en el grado más alto del reino celestial con el Padre Celestial y con Jesucristo (D. y C. 131:1–3132:23–24).
  3. c. 
    Heredarán “tronos, reinos, principados, potestades y dominios” (D. y C. 132:19).
  4. d. 
    Tendrán continuación de las simientes, o sea, hijos espirituales, por toda la eternidad (D. y C. 132:19, 30–31; véase también D. y C. 131:4).
  5. e. 
    “…serán dioses, porque tendrán todo poder” (D. y C. 132:20–21).

2. Los jóvenes deben prepararse ahora para el matrimonio eterno.

• A los jóvenes de la Iglesia se les hace  hincapié en el matrimonio en el templo ya que  casarse en el templo es una de las decisiones más importantes que una persona puede tomar. Los miembros de la Iglesia deben comenzar a prepararse para el matrimonio eterno desde que son jóvenes.
El presidente Spencer W. Kimball dijo: “El matrimonio es quizá la más importante de todas… las decisiones que tomamos y la que tiene consecuencias de más largo alcance, puesto que tiene que ver no tan sólo con la felicidad inmediata, sino también con el regocijo eterno. No sólo afecta a las dos personas interesadas, sino también a sus familiares y en particular a sus hijos y a los hijos de sus hijos a través de las muchas generaciones”.
El presidente Gordon B. Hinckley aconsejó: “Seleccionen a un cónyuge que sea de la misma fe que ustedes; será mucho más factible que sean felices. Elijan a un cónyuge al que siempre puedan honrar, al que siempre puedan respetar, una persona que los complemente en su vida, alguien a quien le puedan entregar todo el corazón, todo su amor, toda su devoción, toda su lealtad”.
El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce, dijo:
“Los cimientos de un matrimonio eterno consisten en mucho más que una cara hermosa o una figura atractiva; es preciso considerar mucho más que la popularidad o la simpatía. Al buscar un compañero eterno, considera a alguien que esté desarrollando los atributos esenciales que brindan felicidad: amor profundo por el Señor y por Sus mandamientos, determinación de obedecerlos, comprensión bondadosa, deseo de perdonar y disposición a dar de sí, el deseo de tener una familia bendecida con hermosos hijos y la determinación de enseñarles los principios de verdad en el hogar.
“Una prioridad esencial en una futura esposa es el deseo de ser esposa y madre; debe estar en el proceso de desarrollar las cualidades sagradas que Dios ha dado a Sus hijas para que sobresalgan como esposas y madres: la paciencia, la bondad, el amor por los niños y el deseo de atender a sus hijos en lugar de procurar satisfacciones profesionales. Debe estar adquiriendo una buena educación a fin de prepararse para las exigencias de la maternidad.
“Un futuro esposo debe también honrar el sacerdocio que posee y utilizarlo al servicio de los demás. Busca a un hombre que acepte su función de ser quien provea lo necesario para vivir, que tenga la capacidad de hacerlo y que esté haciendo diligentes esfuerzos por prepararse para cumplir esas responsabilidades”.

3. Una vez que marido y mujer han sido sellados en el templo, deben vivir fieles al convenio para recibir las bendiciones prometidas.


“Estaba segura de que los primeros diez años [de matrimonio] serían de dicha absoluta; pero durante el primer año juntos, descubrí… que había que hacer muchas adaptaciones. Naturalmente, no eran cosas de las que se corre a contar a la madre de una; pero de vez en cuando, eché unos lagrimones. Los problemas casi siempre tenían que ver con el aprender a vivir con el horario y el programa de vida de otra persona y hacer las cosas a la manera de otra persona. Nos amábamos el uno al otro, de eso no cabe la menor duda; pero también tuvimos que acostumbrarnos el uno al otro. Creo que los cónyuges de todo matrimonio tienen que acostumbrarse el uno al otro”.
Eso lo dijo la hermana Marjorie P. Hinckley, esposa del presidente Gordon B. Hinckley.
Para tener un matrimonio satisfactorio, se requiere amor, esfuerzo y dedicación. Si un hombre y una mujer son sellados en el templo, recibirán las bendiciones prometidas sólo si “cumplen [el] convenio” (D. y C. 132:19). 
• Lea D. y C. 42:22, este mandamiento se aplica por igual a hombres y mujeres. 
El presidente Spencer W. Kimball explicó:
“Cuando el Señor dice con todo tu corazón, quiere decir que esa totalidad del amor es literal, que no es parcial por quitársele para compartirlo con ninguna otra persona…
“Las palabras ninguna otra suprimen a toda otra persona y a toda otra cosa. El cónyuge entonces viene a ocupar el lugar preeminente en la vida del marido y de la mujer, y ningún compromiso social, ni laboral ni político, ni ningún otro interés, ni persona ni cosa debe tener jamás precedencia al cónyuge…
“El matrimonio presupone una lealtad y una fidelidad totales. Cada uno de los cónyuges toma en el vínculo matrimonial a su compañero con el entendimiento de que da a su cónyuge todas sus fuerzas y todo su corazón, lealtad, honor y afecto, con toda dignidad. Cualquier discrepancia con eso es pecado; cualquier parte de ese todo que se saque para dirigirlo hacia otro lado es transgresión. Del mismo modo que debemos tener ‘la mira puesta únicamente en la gloria de Dios’, debemos tener la mira, el oído y el corazón puestos únicamente en el matrimonio: en el cónyuge y en la familia” .
El presidente Gordon B. Hinckley dio el siguiente sencillo consejo a los matrimonios: “…tienen que ser absolutamente leales el uno al otro” 
• Cuando un hombre y una mujer se casan en el templo, hacen convenio de ser leales el uno al otro y de ser leales al Señor. Para fortalecer su amor el uno por el otro y por el Señor se puede: orar y leer juntos las Escrituras, buscar que el Espíritu los guíe a los dos, realizar las noches de hogar, salir juntos, dedicar tiempo para conversar entre sí, ayudarse el uno al otro en los quehaceres de la casa o ir juntos al templo. 

A los santos fieles no se les negarán las bendiciones de la eternidad

El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce, dijo:
“Sabemos que hay muchos excelentes y dignos Santos de los Últimos Días a quienes les faltan las oportunidades ideales y los requisitos esenciales para su progreso. La soltería, la falta de hijos, la muerte y el divorcio frustran los ideales y posponen el cumplimiento de las bendiciones prometidas. Además, algunas mujeres que desean dedicar todo su tiempo a la maternidad y al hogar, se han visto forzadas a entrar en las filas de los que trabajan en empleos regulares; pero esas frustraciones son sólo temporales, pues el Señor ha prometido que en la eternidad no se negará ninguna bendición a aquellos de Sus hijos que obedezcan los mandamientos, sean fieles a sus convenios con Él y deseen lo correcto.
“Muchas de las privaciones más serias de la vida terrenal se compensarán en el Milenio, que es el tiempo en que se cumplirá todo lo que haya quedado incompleto en el gran plan de felicidad para todos los hijos de nuestro Padre que sean dignos; sabemos que eso sucederá con las ordenanzas del templo; y también creo que sucederá con las relaciones y experiencias familiares” (“El gran plan de salvación”, Liahona, enero de 1994, pág. 88).
El élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce, ha aconsejado: “Si eres una persona soltera y aún no cuentas con un firme candidato para un matrimonio celestial, vive para lograrlo. Ora por ello. Espéralo en el debido tiempo del Señor. No transijas en tus normas de ningún modo que pueda impedirte esa bendición, ya sea de éste o del otro lado del velo. El Señor conoce los deseos de tu corazón; Sus profetas han dicho que obtendrás tal bendición si eres constante al vivir de manera tal que lo merezcas. No sabemos si sucederá en este lado o en el otro lado del velo. Pero vive para lograrlo. Ora por ello”.

 Asignación para los jóvenes y para los jóvenes adultos solteros

Escriban una carta en la cual expresen amor a su futuro cónyuge.  Guarden la carta hasta que se casen para que entonces se la muestren a su cónyuge.

 El matrimonio plural.

El propósito del Señor al haber mandado a los de Su pueblo practicar el matrimonio plural.
En diversas ocasiones, el Señor ha mandado a Su pueblo practicar el matrimonio plural. Por ejemplo, Él dio ese mandamiento a Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David y Salomón (D. y C. 132:1). Por medio del profeta Jacob, del Libro de Mormón, el Señor enseña Su propósito con respecto al matrimonio plural: “Porque si yo quiero levantar posteridad para mí, dice el Señor de los Ejércitos, lo mandaré a mi pueblo…” (Jacob 2:30; cursiva agregada; véanse también los vers. 23–29).
La revelación de practicar el matrimonio plural en esta dispensación.
En esta dispensación, el Señor mandó a algunos de los primeros santos practicar el matrimonio plural. Ese mandamiento no fue fácil para el profeta José Smith ni para los que estaban más cerca de él, entre ellos, Brigham Young y Heber C. Kimball, pero lo obedecieron. Los líderes de la Iglesia regulaban la práctica. Los que lo practicaran tenían que recibir autorización para hacerlo y los matrimonios tenían que efectuarse por medio del poder sellador del sacerdocio.
La postura de la Iglesia con respecto al matrimonio plural en la actualidad.
En 1890, el presidente Wilford Woodruff recibió la revelación de que los líderes de la Iglesia debían dejar de enseñar la práctica del matrimonio plural (Declaración Oficial—1, páginas 339–340 de Doctrina y Convenios; véanse también las selecciones de tres discursos del presidente Woodruff sobre esa revelación, las cuales aparecen inmediatamente después de la Declaración Oficial—1).
En 1998, el presidente Gordon B. Hinckley hizo la siguiente declaración con respecto a la postura de la Iglesia sobre el matrimonio plural: “…esta Iglesia no tiene absolutamente nada que ver con la gente que practica la poligamia; ellos no son miembros de esta Iglesia… Si a alguno de nuestros miembros se le sorprende practicando el matrimonio plural, se le excomulga, que es la pena más seria que la Iglesia puede imponer. Los que tal hacen no sólo contravienen directamente la ley civil, sino que quebrantan la ley de esta Iglesia” (“¿Qué pregunta la gente acerca de nosotros?”, Liahona, enero de 1999, pág. 84).

Conclusión

 Preparense para el matrimonio eterno.  Y sean leales a su convenio del matrimonio.


Sunday, September 17, 2017

Lección # 30 "“…los presos quedarán libres”..Doctrinas y Convenios y la Historia de la Iglesia


                                               La siguiente descripción dio de su hermano mayor Alvin el profeta José Smith.
“Él fue… el más noble de la familia de mi padre. Él fue uno de los más nobles de los hijos del hombre… En él no había malicia… Era uno de los hombres más sensatos y cuando murió, el ángel del Señor estuvo con él hasta sus últimos momentos”.
Alvin falleció en 1823, tres años después de haber aceptado el testimonio de José sobre la Primera Visión y más de cinco años antes de restaurarse el sacerdocio.
• En nuestra calidad de miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, poseemos la plenitud del Evangelio y las ordenanzas salvadoras del sacerdocio. Gracias a la obra en el templo por los muertos, podemos efectuar estas ordenanzas en beneficio de los millones y millones de hombres y mujeres que no las recibieron durante su vida aquí en la tierra.

1. Por medio del profeta José Smith, el Señor reveló la doctrina de las ordenanzas del sacerdocio por los muertos.

• Todas las personas deben tener la oportunidad de escuchar el Evangelio y de recibir las ordenanzas salvadoras del sacerdocio es por eso que efectuamos los bautismos por los muertos. La gente que no haya recibido esas bendiciones durante la vida terrenal tendrá la oportunidad de recibirlas en el mundo de los espíritus. Como allí no tienen cuerpos físicos, no pueden recibir las ordenanzas por sí mismos. Sin embargo, nosotros podemos recibir las ordenanzas en su nombre y después las personas en el mundo de los espíritus pueden escoger si desean aceptar o rechazar esas ordenanzas que se hayan efectuado por ellos.
El Señor comenzó a enseñar al profeta José Smith en cuanto a la obra por los muertos casi al comienzo de su ministerio (José Smith—Historia 1:36–39; encabezamiento de D. y C. 2D. y C. 2:1–3). El presidente Gordon B. Hinckley comentó sobre esa enseñanza: “Es sumamente significativo para mí que… las maravillosas palabras de Malaquías concernientes a la obra por los muertos se le hayan repetido al joven José cuatro años antes de que se le permitiera desenterrar las planchas del cerro. Le fueron dichas antes de recibir el Sacerdocio Aarónico y el Sacerdocio de Melquisedec, antes de que fuera bautizado, y mucho antes de que la Iglesia fuera organizada. Eso dice mucho acerca de la importancia de esa obra en el plan del Señor”. 
El 15 de agosto de 1840, el profeta José predicó en el funeral de un miembro de la Iglesia llamado Seymour Brunson. En su sermón, leyó exhaustivamente de 1 Corintios 15, que hace referencia al bautismo por los muertos (1 vers. 29). Después anunció que los santos se podrían bautizar en nombre de sus amigos y parientes que hubiesen muerto sin haber recibido el Evangelio. Declaró que el propósito del plan de salvación era salvar a todos los que estuviesen dispuestos a obedecer los requisitos de la ley de Dios. Después de ese sermón, los miembros de la Iglesia comenzaron a efectuar bautismos por los muertos en el cercano río Misisipí.

2. El Señor mandó a los santos edificar un templo en Nauvoo.

• El 19 de enero de 1841, varios meses después de que los santos comenzaran a efectuar bautismos por los muertos, el Señor les mandó edificar un templo en Nauvoo (D. y C. 124:25–27). Algunas de las razones que dio el Señor por haber dado ese mandamiento se encuentran en las siguientes escrituras:
  1. a. 
    D. y C. 124:28, 40–41. (Con el fin de revelar otras ordenanzas del sacerdocio.)
  2. b. 
    D. y C. 124:29–30, 33. (Para que tuviesen un lugar donde efectuar los bautismos por los muertos.)
  3. c. 
    D. y C. 124:55. (Para que los santos probasen que eran fieles en guardar Sus mandamientos para que así Él los bendijera y los coronara con honra, inmortalidad y vida eterna.)
El Templo de Nauvoo fue el segundo templo que se construyó en esta dispensación. Uno de los propósitos principales de ese templo fue el de proporcionar un lugar para que los santos efectuaran las ordenanzas, tales como los bautismos y las confirmaciones por los muertos, la investidura y el matrimonio en el templo. Esas ordenanzas no se efectuaron en el Templo de Kirtland.
Los santos hicieron grandes sacrificios para obedecer el mandamiento de edificar ese templo. 
Nauvoo Temple
Por un corto tiempo, el Señor permitió que los santos siguieran efectuando bautismos por los muertos en el río Misisipí (D. y C. 124:31–32). Pero el 3 de octubre de 1841, el profeta José Smith anunció: “No habrá más bautismos por los muertos hasta que se pueda efectuar la ordenanza en la Casa del Señor” . 
 El 8 de noviembre de 1841, Brigham Young dedicó una pila bautismal temporaria de madera, pero que había sido tallada con esmero, en el subsuelo (sótano) del templo sin terminar. En la actualidad, todas las ordenanzas por los muertos tienen que llevarse a cabo en los templos.

3. Debemos poner entusiasmo y alegría en la obra de efectuar bautismos por los muertos.

En la época del Nuevo Testamento, después de la Resurrección de Cristo, se efectuaron algunos bautismos por los muertos (1 Corintios 15:29). Sin embargo, la gran obra de proporcionar las ordenanzas de salvación para los muertos recae ahora en los miembros de la Iglesia de esta dispensación. 
Todos los miembros de la Iglesia, de 12 años y mayores, y aun los nuevos conversos, se pueden bautizar por los muertos. Para poder bautizarse por los muertos, el miembro debe tener una recomendación para el templo en vigencia. Los varones deben, además, poseer el sacerdocio.
• Lea D. y C. 128:15  ¿Por qué es que los muertos dependen de nosotros para su salvación? ¿Por qué nuestra salvación depende de la salvación de los muertos? (Véase D. y C. 128:17–18 y las siguientes citas.)
El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Lo que se efectúa en la Casa del Señor… se acerca más al espíritu de sacrificio del Señor que ninguna otra cosa que yo conozca. ¿Por qué? Porque quienes lo hacen dan libremente de su tiempo y de sus medios, sin esperar nada a cambio, para beneficio de otros que no pueden hacerlo por sí mismos” .
El élder John A. Widtsoe, del Quórum de los Doce, dijo: “En nuestro estado preterrenal, en el día del gran concilio, concertamos un acuerdo con el Dios Todopoderoso. El Señor propuso el plan que había concebido y nosotros lo aceptamos. Puesto que el plan tiene por objeto abarcar a todo el género humano, somos partícipes en la salvación de todas las personas que se acogieron a ese plan. En ese concilio, convinimos no sólo en ser salvadores de nosotros mismos sino… en ser salvadores de toda la familia humana. Entramos en una sociedad con el Señor; y al llevar a cabo el plan, llegó a ser entonces no sólo la obra del Padre ni sólo la obra del Salvador, sino también la nuestra. El menor de nosotros, el más humilde, está en sociedad con el Todopoderoso para lograr el propósito del plan eterno de salvación”.
• En D. y C. 2  ¿Por qué el efectuar bautismos por los muertos hace que volvamos el corazón hacia nuestros antepasados?
Historias:
“Después de haber buscado los datos de más de 400 nombres, tanto hombres como mujeres, las Mujeres Jóvenes del Barrio Meridian 15, de Idaho, invitaron a los Hombres Jóvenes a ir con ellas al Templo de Boise, Idaho, para efectuar los bautismos. El templo hizo los arreglos necesarios para guardar los nombres archivados para que los miembros del barrio efectuaran las ordenanzas. Heather Bennett, de 15 años, dijo: ‘Lo más lindo fue bautizarnos por ellos. Los nombres me resultaban familiares. Ésa fue la parte mejor de todo el proyecto. Hicimos la obra por personas que de otra forma no se hubiera realizado. Es posible que hubieran sido olvidadas’ ”.
Cori Christensen, otro miembro del grupo, dijo: “Mientras nos encontrábamos sentadas en el bautisterio del templo, nos embargaba un hermoso sentimiento. Era un sentimiento de triunfo. Nosotras habíamos hecho posibles nuevas oportunidades para ellos” .
• Lea D. y C. 128:19, 22–24  De acuerdo con esos versículos, ¿cuál debe ser nuestra actitud acerca del Evangelio y acerca de efectuar bautismos por los muertos? ¿Por qué la causa del bautismo por los muertos brinda tanta alegría, tanto para los vivos como para los muertos?

 La importancia de guardar registros

Por medio del profeta José Smith, el Señor mandó que los santos guardaran registros fieles de los bautismos por los muertos (D. y C. 127:5–9128:1–9). Esos registros ahora se encuentran archivados en computadoras (ordenadores).
• Estos registros deben guardarse y estos registros que se hacen en la tierra se encuentran también registrados en los cielos, y los muertos serán juzgados por medio de estos libros. A la Segunda Venida, presentaremos los registros al Señor como una ofrenda.)  ( D. y C. 128:6–8, 24.) 

Conclusión

Lea D. y C. 128:17 El profeta José Smith llamó a la obra de la redención de los muertos el tema “más glorioso de todos los que pertenecen al evangelio sempiterno”.